Alimentando el espiritu

Escribir, leer, releer, borrar, leer y volver a escribir, una tarea diaria. Leo en diferentes fuentes que los escritores consagrados enfatizan en la importancia de la lectura y se consideran lectores, inclusive, por encima de ser escritores. También he escuchado en diferentes charlas a los escritores, decir que mientras no están escribiendo no se consideran escritores, sino, simples seres mundanos. Otros afirman que dejan de ser escritores cuando están en el acto de la escritura. Pensamientos válidos y respetables con los cuales siento afinidad. Cuando no escribo, no soy escritor, soy esposo, padre de familia, docente, vecino, etc. Y cuando escribo me transformo en otros seres que quieren salir de la oscuridad y tomar su sitio en éste mundo a través de la escritura.

La lectura nunca fue mi fuerte (me obligaban a leer como tarea en la escuela). Pero en los últimos años ocupa un lugar especial junto a las demás responsabilidades diarias. Leo con agrado colecciones de cuentos de escritores consagrados y alterno la lectura del cuento, con la lectura entusiasta de novelas. No dejó pasar el día sin la satisfacción de leer, se ha convertido la lectura en una rutina al igual que no dejo de escribir. La felicidad está en mi familia y en el oficio de lector y escritor (sin olvidarme de mi profesión: la docencia).

img_3064