Miedo

Sí, siento miedo de no volver a verte,

miedo de pasar mis días sin tu compañía,

miedo de ver pasar las horas en soledad,

miedo de no tener otra boca para conversar,

miedo de no encontrar tus manos como apoyo.

Sí, siento miedo que paraliza el alma,

me paraliza verte alejada de mí,

me paraliza sentirte perdida, ausente,

me paraliza no tener palabras para decirte

lo importante que eres para mí.

Contigo mis días se iluminan de alegría,

contigo las horas son más lentas,

no mueren tan rápido.

Contigo encuentro la inspiración

para seguir viviendo con alguna ilusión.

Sí, siento miedo

de que ya no estés a mi lado.

Hoy no estás.

Luna llena

“Y en las noches de luna imaginaria

sueña con la mujer imaginaria…”

El hombre imaginario, Nicanor Parra

A las seis de la tarde

emergió de las montañas

una luna brillante,

que parecía más grande,

miraba desde lo alto

a la ciudad iluminada,

coqueta se ocultaba

tras nubes livianas.

En la noche brillaba

más que diamante,

irradiaba tu figura

de venus eterna,

imagen melancólica

que con el paso de las horas

se ha ido borrando.

¿Quién eres tú?

—Un recuerdo

—que se ha esfumado

con el paso lento

de la luna llena—.

 

 

Nave planetaria

He comprado un pasaje para un viaje planetario,

como alternativa de escape de esta realidad agobiante,

me han dicho que en otro planeta, donde han encontrado vida,

se puede olvidar todos los dolores que en la tierra

se han recibido y aquellos que hemos infringido.

Allí en aquel planeta que aún no tiene nombre

se pueden olvidar todos los amores y desamores

que en este mundo hemos disfrutado o rechazado.

En ese planeta imposible de alcanzar, por su distancia,

allí en las noches, se puede olvidar (es bueno olvidar),

pues en aquel planeta reina la soledad,

no existen nombres que recordar, momentos o situaciones

se pueden olvidar. Dicen que allí en aquel planeta sin nombre

todo vuelve empezar, eso es lo que deseo;

cuando ingrese en la nave planetaria y fuera de la atmósfera,

empezaré a olvidar tu nombre, tu imagen, olvidarme de ti,

para siempre (pero mientras pise esta tierra…).

Presencia ausente

Las paredes de la habitación se cierran asfixiando  la memoria, mientras hablan las voces que habitaron en el pasado frustrado. Son voces mudas que en algún momento vivieron para decir y callar. Hoy solo queda un vago recuerdo casi transparente, de aquella existencia absorbida por la noche de los años ya fallecidos, estos emiten un leve murmullo de sonidos, que desde la distancia pronuncian quejas moribundas, que solo las puede escuchar un habitante de la soledad. La única voz ausente que no se escucha es la tuya, pues tú nunca has habitado este espacio.

 

Barquito de papel

Como un barquito de papel

me siento a la deriva;

llevado por el ímpetu de las aguas cristalinas

a un final incierto, desconocido.

Navego a diario sobre aguas turbulentas

que zarandean mi frágil estructura,

removiendo mis cimientos,

tras años de frenética locura,

navegando por ríos de alcohol, evadiendo la realidad

encerrado entre las cuatro paredes del yo,

evitando ser maltratado por las fuerzas oscuras,

que por lo general, vienen con bonitos ojos

y una tierna sonrisa, que se apodera sin compasión

del corazón cuando es entregado en libertad.

A la deriva cual barquito de papel,

—hoy aquí—, avanza mi vida. Sin ti

que eres mi último querer.

 

 

 

No entiendo

No entiendo:

Por qué siento lo que siento.

Sí apenas soy un grano de arena en el universo,

un ser más en medio de miles de millones de seres,

un anónimo entre centenares sin nombre,

uno más en un listado numérico infinito,

una partícula de polvo en el interminable cosmos,

un sin rostro, que habita calles inundadas de máscaras.

Otro aficionado al fútbol, como evasión de la realidad,

un borracho que habita cantinas de mala muerte,

un vecino como otros, que no saluda a los vecinos,

un mal estudiante de idiomas extranjeros.

Otro que sin querer te quiere sin saber nada de ti,

otro que te sueña sin rostro, sin emociones.

No entiendo por qué entre tanta gente

y después de tantos años muertos;

he tenido que compartir contigo, sin conocerte.

No entiendo, me gustas más que fruta prohibida.

No entiendo, por qué me sucede todo esto;

preciso cuando he olvidado mi nombre.

 

Aquí muriendo

Extraño tu extraña forma de ser:

Tus eternos silencios milenarios,

tu impenetrable armadura,

las palabras que nunca pronuncias,

las rápidas caminatas a la parada del autobús,

las conversaciones aceleradas al mil,

(siempre mis historias que agobian)

los presurosos “hasta luego”,

las buenas noches que se hacen eternas.

Y las mil horas que nos separan.

Ese afán de querer verte otra vez

y la desilusión que causas

al no saludar, ni siquiera con una seña.

Extraño tu extraña forma de ser,

despreocupada, desinteresada,

pues, nunca te das cuenta

que permanezco siempre

aquí muriendo por ti.

 

Buscando olvido

Habitando las calles inundadas de cachivaches

hecho en china, me refugio evadiendo tu recuerdo,

me distraigo mirando las vitrinas del sector comercial,

evitando recordar tu imagen oculta entre maniquíes.

Busco un texto en la librería que me ayude a escapar

de tu imagen, que me tortura casi hasta la muerte;

me sumerjo en sus páginas colmadas de tipografías

que no hacen sino recordar tu nombre.

En casa me entierro en el sofá de la sala,

me entrego a la caja de luz que me hipnotiza

con el único fin, de no acordarme de ti,

pero tu cuerpo de venus aparece en cada imagen.

En la noche me refugio en mi cama, solitario

en busca del esquivo sueño, después de haber andado

por caminos en busca de la poción mágica del olvido;

a medianoche me despierto, con tu imagen pegada al alma.

Luna negra

La ciudad oscura avanza como fantasma en la noche,

alejándose de la mano de las horas que van muriendo,

los barrios afligidos se cobijan de añoranza con nubes grises,

en tu calle se instala la nostalgia, en la mía también.

Las horas se alejan en sombras presurosas,

mientras se las traga la oscuridad de la melancolía,

en tu casa, un haz de luz eléctrica ilumina la habitación,

en mi cuarto luces fugitivas transitan con la noche.

Sobre el barrio un manto de nubes lloronas

cubren con agua los techos de las casas solitarias.

Encima de las nubes una luna negra, que no brilla

se cuela por las cortinas de los cuartos, robándose

lágrimas de tristezas pasadas, que ausentes habitan

en cajones abandonados que se difuminan en el olvido.

Los días viajaron con las horas muertas perdiéndose en el pasado.

El barrio en su soledad comienza a olvidar en la noche.

En la soledad mientras olvido, me olvido.

 

 

 

 

Fuga

Camino en la ciudad para olvidarte,

camino por sus calles hasta el cansancio,

hasta el mismo agotamiento, hasta desfallecer,

pero, por más que lo intento sigues ahí pegada

a mi cerebro confundido.

Busco a través de las pinturas del museo

algún laberinto que me transporte

a otra dimensión a otro universo,

me sumerjo en arco iris de pinceladas

(en miles de colores navego),

buscando escusas y excusas para olvidarte,

evadiendo la realidad colmada de falsas ilusiones.

Aquí sentado al frente de una pintura de Guayasamín:

Busco tu sombra, no la encuentro,

al no quedar más, sigo mi camino como fugitivo,

huyo de mi propia cárcel… que soy yo en definitiva.