Desencuentro

Un esqueleto vestido de frío con manta de hielo,

ese es mi corazón y no falta razón,

pues, tu indiferencia es un millón de espinas

clavadas sin compasión, en el centro del corazón.

Ni un saludo, ninguna conversación, ni un hasta luego,

solo silencio que invade de frialdad cualquier razón.

Tu indolencia es intolerable, rompe el alma, la emoción;

obscurece el día más brillante, eclipse total de sol.

Mi esqueleto que viste una manta de hielo derretido,

se muere de soledad sumergido en un mar de ansiedad;

extraño días antiguos, donde la conversación,

mientras caminábamos, era el centro de nuestros encuentros.

Hoy el silencio es un desencuentro.