Agonía

El perro

ladra a las sombras,

que pasan

por la otra acera.

Ladridos ausentes,

se confunden

con la oscuridad;

la noche es gigante

que lo engulle

todo a su paso,

lento.

A la medianoche

el perro sigue

ladrando a las sombras

que huyen fugitivas

en la oscuridad.

El perro muere

después de la medianoche;

las sombras fugitivas

no regresan.


 

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