UNA NOCHE EN TU MIRADA

A María E

Separados por la distancia infinita de los Andes,
miro en la lejanía y no te veo, ausente estás. Allá.
Te busco en la imagen deformada de mis sueños,
—por más que lo intento— no te veo María mía.
Ausente estás.

Viajas como el polen en el pico del colibrí mensajero,
sembrando de flores la primavera del sur, llevando alegría
donde parece que la tristeza quisiera gobernar, allí estás,
con tu sonrisa de rosas, viviendo en la piel
que habita en mis manos.

La noche anidada por un cosmos de estrellas, vive en tu mirada,
mientras tu cuerpo, que flota en la noche fría de la américa del sur,
se baña en lágrimas de ausencias, que como llovizna caen del cielo,
mientras tu cuerpo
cruza la cordillera sin piel, con sus venas abiertas y sangrantes.

Me entrego a la ausencia de tu cuerpo, de tu ser,
a la distancia infinita que esta noche de lluvia nos separa,
arranco de mi piel los recuerdos que aún viven en la memoria,
te busco en la lejanía y no te veo, ausente estás.
Allá.

JR
Septiembre 1° de 2018

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