Manifiesto en tiempos de desolación

                                                                                                                     I. 

Declaro la palabra como conquistadora del silencio.
La palabra nos hará libres de las cadenas impuestas por los imperios.
La palabra nos dará la libertad que el mismo hombre nos niega.
Por encima de gobiernos que se eternizan en el poder, la poesía será el escudo de los hombres nobles.
Los poetas tienen la responsabilidad de ser la voz de los oprimidos y de los que callan a fúsil.
Declaro la palabra como conquistadora de nuevos espacios para la libre expresión.
A través de la palabra surcaremos nuevos caminos que nos lleven a la libertad.
La poesía al servicio de la naturaleza y de los hombres.

                                                                                                                     II. 

Con imaginación renombraremos el mundo, surgirán nuevos significados, la palabra “dictador” o “amañado en el poder” se resignificará por la palabra “servidor”.
La palabra fundará con libertad un nuevo mundo de espontáneos significados cimentados desde el amor.
Los versos renacerán desde las cenizas y trascenderán a lo universal.
Los hombres de todas las condiciones de raza, de creencia, de origen se harán libres a través de la palabra sin importar la lengua o nación.
La poesía tiene que convertirse en un bálsamo que inunde los corazones de las naciones con plenitud.
La poesía tiene el compromiso de “recuperar el sentido mágico de la palabra”[1] y fundar nuevos sentidos para el mundo.
Declaro la palabra como conquistadora del silencio y refugio de los afligidos.


[1] “La poesía recupera el sentido mágico de la palabra” Héctor Abad Faciolince, en conversación vía Internet, 07/07/20
Texto en voz de su autor