El saxofón triste

La sombra fría avanza sin detenerse. El viento sacude el follaje de los eucaliptos que desnudos se balancean sobre su tronco, una melodía sorda se confunde con el aire proveniente de algún sitio lejano, atrás de las montañas. Un hombre joven con apariencia de anciano camina por el sendero de piedra, huyendo de los primeros rayos de sol de la mañana que avanza sin reparar en el transcurrir monótono del tiempo. El aire oxidado en un vaivén sin límite acaricia su rostro sudoroso, baja la mirada para esquivar la brisa que en momentos se torna agresiva, el aire en su silbido mortificante zumba en sus oídos, en la lejanía cree escuchar el ritmo melodioso del agua que golpea sin cesar las piedras de algún río oculto entre la maleza. El follaje de los árboles interpreta su sinfonía que no es completa si el aire les falta. Él desconcertado camina de la mano de su saxofón como si fuera un niño al que no se puede descuidar. La sombra se hace más fría con el transcurrir de las horas, ellas confundidas interpretan su propia canción nostálgica. Sus recuerdos lo ahogan en un mar de auto conmiseración, el odio le corroe sus sentimientos, el no haber tenido una novia había destruido su autoestima, su único consuelo el elemento musical, él se había convertido en su compañero y salvador de su desgracia. Estuvo enamorado de una muchacha de su barrio, en la temprana juventud, pero ella murió desconociendo su existencia, él nunca tuvo la oportunidad de acercarse a ella, pues, siempre la vio como a alguien inalcanzable, se sintió poca cosa para ella, eso lo mortificó y lo dejó marcado de por vida. En la soledad de su cuarto aprendió a juntar con gracia las notas musicales, comenzó con una guitarra, pero, terminó enamorado del saxofón, éste le permitía compenetrar su alma, sus emociones y sentimientos en uno solo con el artefacto sonoro, a través de él aprendió a llorar y a manifestar todo su amor por aquella mujer que no conoció. Se hizo uno e inconfundible, quién le escuchaba no podía reconocer entre el instrumento y el intérprete, en las ocasiones que tocaba su herramienta de viento, se podía apreciar la melodía que se escapaba a través de los acordes melancólicos del saxofón, él y su aparato de viento eran uno solo. Los acordes que provenían desde lo más profundo de su alma se mezclaban en armonía con su entorno, el aire que soplaba de las montañas, el sonido del follaje de los árboles, la cadencia del agua en la distancia, con las horas, en un eco sombrío desapareció la voz de la música, mientras, se cubría con un manto de sombra fría que se proyectaba sin pasión sobre el paisaje.

Imagen libre de derechos – pixabay.com

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